Todo se presumía lejano. Un virus que ignorábamos avanzaba a pasos agigantados, sigiloso y escurridizo, ensañándose con los más débiles. La incertidumbre se apoderaba de nosotros, verdaderamente, no era la compañía más acertada, aún así, fue confidente de nuestro pesar.
Por momentos cobramos un singular protagonismo, acostumbrados a estar entre bambalinas. De modo que, como en una puesta en escena, todos y cada uno de nosotros, el personal de limpieza, llevamos a cabo la mejor de nuestras actuaciones en medio de un caos absoluto, en pleno estado de alarma.
Cuando aún nada comprendíamos, sin apenas discernir esta loca realidad, el centro de trabajo, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla, requería nuestra presencia. En un intento de salvaguardarnos, salpicados entre ERES y cierres de empresas, salimos triunfantes. Sin embargo, había que volver. Fue entonces cuando una pandemia vino a gritar a los cuatro vientos, que éramos esenciales.
Acudir a una Escuela desierta, sin duda impactó. ¿Dónde quedó el trasiego de estudiantes? Los pasillos mostraban su amplitud, deshabitados. Desde la planta baja, si alzabas la vista, contemplabas una Biblioteca vacía. Nadie ocupaba las bancas en las aulas, pizarras limpias de la lección rutinaria. Plena desconexión en un Centro de Cálculo siempre activo. Una cafetería cerrada a cal y canto, fiel compañera que amenizaba esos merecidos descansos…
Tuvimos que enfrentarnos a la lucha, a un sinsentido, en primera línea, carentes de armas. El virus rondaba cerca, invisible y amenazante. Nos escudamos entre guantes y mascarillas sin más. Había un arduo trabajo por delante. El mismo que asumimos con gran responsabilidad, siendo consecuentes de nuestro exhaustivo cometido, la desinfección. Cualquier recoveco pasaba a ser prioritario, primando lo minucioso al detalle.
Poco a poco fuimos cogiendo el pulso a esta situación, con voluntad y aptitud. Aprendimos la mejor de las lecciones, también nosotros hicimos carrera. Era inevitable mostrar unos ojos empañados cuando, echando la vista atrás, muchos nos dejaron en soledad. Muchos se recuperan de sus secuelas. Muchos salimos ilesos, aunque visiblemente heridos.
A día de hoy, seguimos inmersos en esta pandemia mundial, intentando superar la tercera ola, cual película de ciencia ficción. En tal caso, cuando la pantalla se torne oscura y los créditos suban lentamente, todos nos reconoceremos como parte integrante. Se nos conmoverá el alma, cuando aparezca eso de “basada en hechos reales”. Entonces la música hará de las suyas, subiremos el volumen de una perfecta banda sonora y cantaremos al unísono “Resistiré”.
Patricia Delgado Granados, personal del limpieza en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla.

